La Última Frontera

Escrito por Armando Domínguez Ortiz


“El olvido es la verdadera muerte. No hay otra muerte que el olvido. No hay otra vida que el recuerdo”.-  Andrés Henestrosa.

¿Cuál es el origen de la vida?  Es una de las grandes preguntas de la ciencia de nuestro tiempo. La frontera entre la vida y la muerte, se anunciaba otrora como la última frontera que la ciencia podría algún día iluminar. Sin embargo muy distintas han resultado las cosas. En estos tiempos de enorme emergencia tecnológica, la frontera entre la vida y la muerte se difumina, no en las páginas de los libros de ciencia ficción como Frankenstein o El Golem (c.f. http://www.youtube.com/watch?v=J1dizuVnwbI), sino en las salas de urgencias de los hospitales y en las investigaciones punteras de la ciencia. Enfermos que parecían insalvables se salvan, estados vegetativos irrecuperables se recuperan, mientras la esperanza de vida se dispara y donde acaba la inteligencia natural, empieza la artificial.

Con respecto a la última frontera, Albert Einstein refiere: "Estoy satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con el conocimiento, el sentido, de la maravillosa estructura de la existencia. Con el humilde intento de comprender aunque más no sea una porción diminuta de la Razón que se manifiesta en la naturaleza."

Podríamos continuar diciendo que la vida son muchos, muchos, osciladores fisicoquímicos repartidos en un espacio concentrado, confinado y tortuoso, en donde los osciladores evolucionan en sincronía, alimentados por un corazón que late sin orden previsible. Bueno, algo así. Pero mejor dejemos que los poetas nos aclaran algunos puntos importantes de tal frontera. Para empezar, don Mario Benedetti aclara que, después de todo, la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida y Walt Whitman advierte:

“Coged las rosas mientras podáis
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta…”


El rey poeta Netzahualcóyotl nos recuerda que la única constante en el universo es el cambio.

"Yo lo Pregunto
Yo Netzahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí."

"¿A dónde iremos?"

¿A dónde iremos?
¿Donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:

Aquí nadie vivirá por siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
Los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre."

Todo tiene remedio … menos la muerte. El maestro Jorge Luis Borges nos recuerda el valor de lo irrecuperable en su cuento el inmortal. He aquí un fragmento: “La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales.”

Para terminar les ofrezco dos mini-cuentos de mi autoría, el primero le titulé Los Dioses Muertos, se refiere al origen químico de la vida y al eterno esfuerzo por establecer y comprender esta frontera del conocimiento; al segundo le titulé ¿Has tomado bien tus medicinas? Este explicita las preguntas sempiternas.

Los Dioses muertos

Todo empezó en un laboratorio de una raza bastante más avanzada que la humanidad. Buscaban la forma de recrear la vida, mezclando y revolviendo cientos de elementos, varios de los cuales aún ni conocemos. Probaron todo, pero como si algo lo impidiera, todo fracasaba, nada funcionaba, hasta que finalmente se dieron por vencidos, abandonaron los experimentos y dejaron todo en el olvido. Pasaron milenios, la raza se extinguió … el tiempo, nadie lo hubiera esperado, el tiempo era el más significativo de los elementos que no consideraron, ahí donde habían abandonado, después de una eternidad surgió nueva vida. Moraleja: el hidrógeno, con tiempo suficiente, se convierte en ser humano.

¿Has tomado bien tus medicinas?

Hola. Les traigo una historia. Hoy fui al médico. Condenada asma … pero eso no es lo que quiero contarles. Con los males crónicos uno termina siendo amigo del médico. ¿Quién más cerca de la frontera entre vida y muerte que un médico? Las preguntas de siempre: ¿aquí se acaba todo? ¿Hay algo más? La confianza llega gradualmente y uno un día ya no puede resistir la tentación de preguntar: ¿Tú has visto algo? Un suspiro hondo para luego contestar: sólo tengo una historia digna de ser contada, y esta es la historia que me contó. Una anciana, dulce, cabecita blanca, cabellos recogidos, portadora de anteojos, con figura delgada y encorvada, de andar lento ayudado por un bastón, pasó los últimos 21 días de su vida en el cuarto de un hospital donde mi amigo médico laboraba. La dama, siempre lúcida, se enzarzó en nutridas pláticas con las personas que la atendían. La combinación de sus diversos problemas de salud ya no permitió el funcionamiento de su cuerpo. Murió la tarde de un domingo de otoño. Las actividades continuaron y la habitación fue ocupada la tarde del lunes siguiente por un hombre joven con una cirugía abdominal. Recién llegado al hospital. El martes por la mañana, durante la visita médica, el paciente se mostraba molesto, se quejaba: una anciana, cabecita blanca, de cabellos recogidos, con lentes, delgada, de figura curvada y bastón, había entrado por la noche a su cuarto. Sin ser invitada se sentó en el sofá y se puso a platicarle, le preguntó su nombre, le interrogó por sus enfermedades y le platicó las suyas, le preguntó: ¿has tomado bien tus medicinas? Cuando la visita se alargó, el paciente le pidió que se fuera, pero la señora parecía no escuchar y siguió hablando. En algún momento el joven se quedo dormido ... no recuerda muy bien que pasó. Claro que cuando despertó comenzaron los reclamos. Bienaventurados los que pueden platicar … esta cochina asma no deja respirar … ¿has tomado bien tus medicinas?

Finalmente, el Maestro Alberto Cortez nos regala bellas reflexiones sobre la vida y la muerte en su poema “Qué suerte he tenido de nacer”.

http://www.youtube.com/watch?v=dKN8nsWXHbE&feature=related

¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

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